Sin pétalos - Demian Konfino

Flor Amarilla, la heroína de Demian Konfino en La Mala y Operativo Mataderos ha vuelto. Es la misma y no. Sus principios se fueron borroneando con el paso del tiempo y la mixtura entre derrota y supervivencia. Se ha convertido en una justiciera que ya no cree en la justicia de jueces y fiscales.

“¿Sin pétalos, sigue siendo una flor? La respuesta es sí. Una flor distinta, quizás incompleta. Sin el brillo y el color, sin la ética y la estética, de los pétalos. Pero con eje floral. Y con ovarios. Con tripa y corazón. Como un viejo dicho. Como una canción de La Renga”.

La voz de Konfino ya no es la nueva voz de la literatura argentina de la que habló Juan Sasturain cuando apareció La Mala. Es una voz consolidada en el género negro que se mete de lleno, entre fogonazos y tormentos, en los temas eternos. La injusticia. La angustia. La depresión. La vida a tiro de una Bersa. Y el amor. Porque, entre tanta sangre, el autor nos sigue recordando que siempre hay espacio para el abrazo.

Sin pétalos - Demian Konfino

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Sin pétalos - Demian Konfino

Flor Amarilla, la heroína de Demian Konfino en La Mala y Operativo Mataderos ha vuelto. Es la misma y no. Sus principios se fueron borroneando con el paso del tiempo y la mixtura entre derrota y supervivencia. Se ha convertido en una justiciera que ya no cree en la justicia de jueces y fiscales.

“¿Sin pétalos, sigue siendo una flor? La respuesta es sí. Una flor distinta, quizás incompleta. Sin el brillo y el color, sin la ética y la estética, de los pétalos. Pero con eje floral. Y con ovarios. Con tripa y corazón. Como un viejo dicho. Como una canción de La Renga”.

La voz de Konfino ya no es la nueva voz de la literatura argentina de la que habló Juan Sasturain cuando apareció La Mala. Es una voz consolidada en el género negro que se mete de lleno, entre fogonazos y tormentos, en los temas eternos. La injusticia. La angustia. La depresión. La vida a tiro de una Bersa. Y el amor. Porque, entre tanta sangre, el autor nos sigue recordando que siempre hay espacio para el abrazo.

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